11 feb 2009

EL CIRCO ELECTORAL



Por: Miguel Molina Díaz

Las inscripciones de candidaturas en el Consejo Nacional Electoral culminaron con 8 binomios presidenciales y cientos de candidatos a las demás dignidades de elección popular. Entonces resulta urgente realizar una serie de cuestionamientos y reflexiones en el sentido de describir el país en el que deseamos vivir. Por un lado vemos a una oposición desarticulada que pretende vencer al presidente Correa con 7 candidatos a la presidencia, en un escenario electoral donde el gobierno cuenta con más del 60% de popularidad. Varios partidos tradicionales ni siquiera se molestaron en presentar candidatos, sin embargo algunos de sus representantes más visibles, tratando de deslindarse del lastre mafioso de las organizaciones en donde cimentaron sus carreras, pretendieron aparecer como las nuevas alternativas de cambio. Tal es el caso del ex diputado cuyo mayor merito fue ejercer una suerte de comisaria móvil en el país, el mismo que, cuál hombre araña, ingreso al organismo del sufragio trepando paredes. Está también el ex alcalde de Ambato, quién fue descalificado por las autoridades electorales ya que no completo las firmas requeridas. Me pregunto si esto se debió a que no tuvo la frontalidad de postularse como lo que ha venido siendo las últimas décadas, un socialcristiano de cepa. Algo parecido le ocurrió al tristemente célebre CFP que intentó resucitar de la ultratumba con un abogado experto en casos de escándalo, pero que evidentemente carece de dotes de estadista y presidenciable. El circo politiquero continúa con el Coronel rectificador, que no conforme con haber presidido un gobierno sumiso, promotor de inequidad social y auspiciante de la inconstitucionalidad que dio vida a la Pichi Corte, dice tener las soluciones y la experiencia que nuestra nación requiere. De todas formas la mayoría de premios a la improvisación se los lleva el candidato Noboa, que inmerso en su desesperación por el poder, eligió como su compañera de fórmula a su esposa, develando así la estructura patriarcal, piramidal y débil de aquellos partidos políticos que ya casi no cuentan con adeptos. ¡Como si no hubieran sido estos partidos y sus dirigentes quienes nos inspiraron a protestar para que se vayan todos! Dejemos atrás la repetitiva retorica pesimista de aquellos a quienes la palabra cambio les queda grande porque siempre han representado únicamente sus intereses personalísimos. Las próximas elecciones, más allá de un concurso de popularidad y poder, deben traducir las expectativas y aspiraciones de los ecuatorianos que, después de haber aprobado las reformas políticas e institucionales, deseamos construir una sociedad radicalmente democrática y profundamente justa.

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