18 jun 2009

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN



Por Miguel Molina Díaz

¿Es libre la libertad de expresión? ¿Es la prensa la única que la merece y ejerce? ¿Qué tan objetiva e independiente es la prensa? Estos son algunos de los cuestionamientos que deberían servir como punto de partida en el debate sobre la libertad en el Ecuador. Frente a los acontecimientos recientes que han evidenciado un conflicto entre el Conartel, como autoridad estatal, y Teleamazonas, surge la necesidad imperiosa de analizar estas dos posiciones contrapuestas que en ambos casos son preocupantes. Por un lado Teleamazonas es la escenificación de un periodismo sesgado, que innegablemente representa intereses corporativos y defiende poderes económicos de facto. Sus más notables presentadores de noticias son inminentes actores políticos que no solo expresan opiniones sino que a través de su línea editorial nos imponen supuestas verdades absolutas incuestionables. Conspiran desde su espacio y con toda su fuerza en contra de un gobierno que amenaza sus intereses. Violaron expresamente la disposición lograda por los grupos de protección a los animales en el sentido de no transmitir imágenes taurinas en los horarios de mayor sintonía, y ciertamente que develaron sus intenciones de desprestigiar al régimen con la noticia de un falso centro clandestino de conteo electoral. Pero, ¿es Teleamazonas el único medio que transmitió imágenes sangrientas de toros? ¿Acaso el noticiero TC Televisión, que está bajo administración estatal, no transmite imágenes sangrientas de crónica roja? La ciudadanía está en la obligación ética de exigir de los medios de comunicación un periodismo serio, respetuoso y honesto, que defienda la democracia y promueva la deliberación en el país. Debemos combatir las prácticas oprobiosas de la prensa corrupta, pero no debemos tolerar y mucho menos auspiciar que desde un organismo estatal se busquen pretextos ridículos para perseguir a una cadena televisiva, por más parcializada y absurda que está sea. Intentar censurar a los Simpsons y luego Dragon Ball para demostrar que no se procede con dedicatoria es inaudito. ¡Por favor! Esa pretensión gubernamental es inaceptable. Por todo esto es urgente que los ciudadanos comunes recuperemos nuestra libertad de expresión, aquella que en ningún caso puede ser representada por Teleamazonas, para discutir en el verdadero espacio público y con nuestras diversas visiones cómo construir nuestro país. El cambio de los medios de telecomunicación no debe lograrse desde el poder sino desde la ciudadanía. Ni siquiera les corresponde a los tres ex presidentes oportunistas que se dicen defensores de la libertad de expresión. Esa es la democracia profunda y radical que debe caracterizar a la nueva izquierda para no caer en el abuso y en la intolerancia.

miguelmolinad@gmail.com

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