26 may 2009

MAESTROS Y PROFESORES



Por Miguel Molina Díaz

El proceso de evaluación de los docentes que prestan sus servicios en la educación pública comenzó a pesar de las amenazas y berrinches de los inconformes. La conclusión más importante que podemos sacar de este acontecimiento es que el Magisterio cuenta con dos tipos de profesionales: los profesores comunes y los maestros. Los primeros son todos aquellos que conciben a la educación como la labor cotidiana que tienen a su alcance para recibir un sueldo mensual, cumplen con impartir un programa de estudios obligatorio sacando el mínimo provecho de los temas y reducen a calificaciones cuantitativas las capacidades y potenciales de sus alumnos fomentando la educación memorista. A ellos les tocó ser profesores y solo son eso; por esta razón temen delatarse en las pruebas de conocimiento y prefieren protestar contra una iniciativa que consideran “neoliberal.” No soportan la idea de que sus estudiantes, los que reciben sus clases diarias, puedan participar como evaluadores. A Diego Puente, Presidente del Consejo Estudiantil del Colegio Mejía a quien con amenazas y amedrentamientos intentaron silenciar por atreverse a hablar a favor del proceso de evaluación, habría que preguntarle si esos profesores que defienden el statu quo de la educación en el país practican la tolerancia, la libertad de pensamiento o el respeto a las opiniones ajenas durante sus clases. Los Maestros verdaderos enseñan por vocación, saben que no existe una verdad absoluta y que siempre se puede llegar más lejos con el Conocimiento. Investigan, estudian y planifican para brindar a sus estudiantes una formación de primera con la esperanza de cambiar la realidad de la patria y del mundo a través de la ciencia. Ellos no tienen miedo a las evaluaciones, de hecho las buscan porque están conscientes de que los resultados que estas arrojen no solo les ayudará a mejorar como maestros, sino servirán para que el sistema educativo nacional sea repensado en beneficio de los jóvenes y de ellos mismos. Es indignante que los profesores inconformes sean tan hábiles para organizar protestas y ruedas de prensa en contra de las evaluaciones pero no demuestren el mismo entusiasmo en sentarse a estudiar, como lo hacemos todos los estudiantes del país. Y es que deben entender que nuestra educación no es negociable; el Estado tiene la obligación de proporcionarnos todas las condiciones de calidad y calidez para formar Bachilleres capaces de crear, inventar, incursionar y competir académicamente, con conciencia ética, cívica y ecológica. Resulta también extraño que un gremio de los que se dicen críticos al sistema no se hayan dado cuenta que sus falencias se deben a la irresponsabilidad de dirigentes que poco o nada les importó el desarrollo del país desde siempre. Tenemos derecho a una educación moderna, laica, incluyente que radicalice la democracia en todos los espacios y acorte las desigualdades sociales. ¡Basta de alimentar las canonjías de quienes tienen secuestrada la educación pública con fines partidistas! ¡Llegó la hora de que los jóvenes vigilemos y apoyemos el proceso de evaluación para hacer la Revolución Educativa!

miguelmolinad@gmail.com

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