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30 jun 2009

HONDURAS ESTA EN LLAMAS



Por Miguel Molina Díaz

Honduras tiene sus venas abiertas, como todos los pueblos latinoamericanos que siguen buscando respuestas a sus requerimientos históricos, pero el caso hondureño es más grave, el país se ve en medio de una crisis política desoladora. Los representantes del stablishment hondureño llevaron a cabo un golpe de estado militar contra el Presidente Manuel Zelaya, para impedir que se pregunte al pueblo sobre la convocatoria a una asamblea constituyente, a través de una encuesta no vinculante. Fueron las fuerzas políticas temerosas al cambio, las que depusieron al mandatario con la complicidad del ejercito. Después orquestaron en el parlamento una parodia para justificar el golpe y con un descaro infinito destituyeron a Zelaya por abandono de cargo. ¡Pero si fueron ellos los que expulsaron al presidente tras secuestrarlo y someterlo con las armas! También secuestraron y agredieron a la Canciller y a los embajadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Bloquearon las señales de los medios de comunicación que informaban sobre el golpe y solo dejaron al aire novelas y programas de gastronomía. ¿Cuál es el límite de una derecha desesperada? ¿Hasta que punto los principios de la democracia pueden ser manipulados y tergiversados? Es claro que después de dictaduras autoritarias y gobiernos civiles corruptos en América Latina todavía hay sectores que no logran comprender el significado de la democracia. ¿Como es posible que no se permita al pueblo, real soberano de la nación, emitir sus opiniones y sobretodo expresar su voluntad en cuanto a su propio futuro? Que equivocados están los que piensan que la democracia se reduce a elecciones periódicas y que descarados son los pretextos de la derecha para no perder su dominio político frente a una ciudadanía que esta comenzando a participar y a exigir cambios profundos. Y en ese sentido habría que preguntarle a Michelleti, nuevo monigote protector de los poderes facticos, y a la Corte Suprema: ¿Que legalidad puede tener la expulsión del legítimo presidente de la república, su sometimiento por parte de militares armados y su posterior destitución absurda? ¡Hasta se inventaron una carta de renuncia! Para marginar la indignación ciudadana incluso llegaron al autoritarismo de imponer un toque de queda. La comunidad internacional, desde Chavez hasta Obama, han repudiado las acciones temerarias emprendidas en contra del Estado de Derecho y del régimen constitucional en Honduras. Creo que esta será la prueba de fuego para la comunidad internacional, demostrar que más allá de los fervores del ALBA, los pueblos de este continente estamos dispuestos a cambiar el destino que nos impusieron los defensores del Statu-Quo, que no vamos a tolerar los caprichos de una clase política que por décadas fue incapaz de garantizarnos condiciones de vida dignas, y que sobretodo nada podrá detener a los ciudadanos y ciudadanas organizados en su decisión de cambiar la historia. Zelaya es uno de los muchos hombres y mujeres que encendieron el fuego del cambio en Honduras, ahora esa llama será indetenible.

miguelmolinad@gmail.com

24 jun 2008

ALBERTO ACOSTA

Por: Miguel Molina Díaz















“En la vida no debemos aspirar a ser importantes, sino a ser útiles.” Decía Alberto Acosta en una entrevista más o menos reciente. La crisis política que vivimos llegó a tal magnitud que el presidente de la Asamblea decidió presentar su renuncia irrevocable, aduciendo que la cúpula de Alianza País exigía una dirigencia que entregue la nueva constitución hasta el 26 de julio. Los principios extremadamente democráticos de Alberto Acosta, le impidieron viabilizar un proceso al apuro y sin el debido análisis. No quisiera profundizar en los hechos y las circunstancias que han tenido como resultado la renuncia de Acosta, sino más bien, me referiré al personaje, que debo confesar, se ganó todo mi respeto. Resulta penoso pensar que el economista Acosta dejó de ser el titular de la Constituyente, y eso era algo que me llenaba de orgullo. Sin embargo las crisis son para superarlas y a fortalecer nuestro proyecto político y constitucional, es a lo que se dedicará el asambleísta Acosta de ahora en adelante. No puedo ni debo dejar de esgrimir mi admiración profunda a quién presidió la Asamblea Constituyente de Montecristi con la mayor transparencia, eficiencia, patriotismo y dedicación. “Nada para nosotros y todo para la patria” eran las palabras de Alberto Acosta cuando anunciaba su renuncia, citando a Eloy Alfaro. Y es que el presidente saliente de la Asamblea es un hombre que dice lo que piensa y hace lo que dice, una persona que está convencida de sus principios y que practica lo que predica. Siempre recordaré a Alberto como alguien quién vivió apasionadamente por su país. ¡De eso que no haya la menor duda! Sus dotes de estadista y demócrata son incuestionables y se reafirman ahora, cuando decide retirarse para dar paso a una presidencia que pueda responderle al país, con mayor prontitud, en su expectativa de cambio. Amén de las diferencias que haya tenido con sus compañeros de partido, estoy seguro que para Alberto Acosta los intereses de su patria siempre estarán por encima. Así lo ha demostrado. Podemos estar seguros de que el ecologista Acosta mañana no estará haciendo teatro con la oposición, o fraguando la campaña por el NO, sino seguirá en la Asamblea, con la responsabilidad de siempre, realizando sus valiosos aportes a la nueva constitución del país, porque eso es lo que el pueblo le encomendó. Él no es un politiquero. Así que por la inmensidad de lo anterior, tan solo resta decir gracias, muchas, grandes, eternas y por siempre gracias a un ecuatoriano para quién solo tengo palabras de admiración y agradecimiento.

miguelmolinad@gmail.com
C.I.. 171799013-7