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24 jun 2013

El caso de Beatriz




Por Miguel Molina Díaz 

Beatriz quedó embarazada. Es una joven que padece de lupus e insuficiencia renal. Las pruebas de ultrasonido establecieron que el bebe no tenía cerebro y que por tanto su vida fuera del útero materno sería imposible. A las 18 semanas de embarazo Beatriz (nombre ficticio) interpuso un recurso de amparo ante la Sala de lo Constitucional del Tribunal Supremo de El Salvador solicitando que se le permitiera practicarse un aborto terapéutico. Después de 5 semanas de discusión los jueces negaron la solicitud de Beatriz en virtud a que en el Estado salvadoreño están penalizadas todas las formas de aborto, incluso el terapéutico que pretende proteger la vida de la madre cuando esta se encuentra en peligro inminente. El Estado obligó a Beatriz a ponerse al borde de la muerte.

Este caso ha servido para despertar el debato sobre el aborto en el continente. De hecho, su situación incitó el interés mundial y hubo pronunciamientos al respecto del Sistema Interamericano de Derechos Humanos así como de Amnistía Internacional. Lo cierto es que el aborto es un tema actual en América Latina. Uruguay, por ejemplo, es un país en el que la práctica del aborto no está penalizado si se da dentro de las primeras 12 semanas de gestación y cuando la mujer cumpla con el procedimiento legal.

En el Ecuador, el artículo 447 del Código Penal establece que el aborto “no será punible” cuando “se ha hecho para evitar un peligro para la vida o salud de la madre y este peligro no puede ser evitado por otros medios” y “si el embarazo proviene de una violación o estupro cometido en una mujer idiota o demente”. Por lo demás, la Constitución ecuatoriana garantiza la inviolabilidad de la vida (no hay pena de muerte). Pero también establece, en el inciso 10, del artículo 66 establece el “derecho a tomar decisiones libres, responsables e informadas sobre su salud y vida reproductiva y a decidir cuándo y cuántas hijas e hijos tener”.

La realidad jurídica, sin embargo, no es la que de mejor forma ilustra esta problemática en el país. Todos los días en el Ecuador se practican abortos en clínicas clandestinas con infrahumanas condiciones de salubridad. Y son incontables los casos de mujeres que, en esas condiciones, han muerto durante la práctica de sus abortos clandestinos. Este es un tema que despierta pasiones. Sin embargo, vistas las cosas con objetividad podemos sacar algunas conclusiones:

1. El Estado laico supone la neutralidad del mismo frente a cualquier creencia religiosa y la garantía del derecho a la libertad de cultos. 2. La legislación del país debe ser consecuente con los derechos fundamentales de las personas y no con las doctrinas morales de sectores conservadores. 3. Quienes hablan de obligar a una mujer a parir el hijo producto de una violación, por ejemplo, pretenden decidir sobre el cuerpo de otra persona y no del suyo propio. 4. Las mujeres que, a riesgo de su propia vida, han decidido continuar con su embarazo merecen toda nuestra admiración por su valor y entrega, pero el Estado no puede obligar a todas las mujeres a ser heroínas. 5. La decisión de abortar es profundamente personal. 6. Independientemente de lo que digan las religiones o las leyes, si una mujer desea practicarse un aborto, lo hace. 7. El deber del Estado es garantizar condiciones de salud optimas para que esta práctica no suponga la muerte de una mujer.

En ese sentido, el hecho de que la llamada “Pastilla del Día Después” se asuma como una política de salud pública y su repartición sea gratuita supone un avance en la protección de los derechos y libertades de las personas, bajo el principio de la planificación familiar para lograr condiciones de vida digna, con salud y educación, para las mujeres y los hijos que deciden tener a su debido tiempo. Los pasos que se han dado en el Ecuador son correctos, pero falta bastante hasta que casos como el de Beatriz no se vuelvan a repetir en América Latina. 

23 jul 2012

El Fantasma del Aborto



Miguel Molina Díaz

La última vez que fue visto ocurrió en los (seudo)minimalistas e improvisados pasillos de Ciudad Alfaro. Se había despertado con furia para evitar que los constituyentes, ebrios por todo el poder pleno del que gozaban, cedan a las presiones del maligno y legalicen el aborto. Con algo de objetividad se podría decir que el fantasma regresó tranquilo a su cripta en las iglesias y en las mentes retorcidas, pues en Montecristi, lógicamente, no se abordó el tema del aborto. Pero al parecer ha regresado. Lo han hecho despertar. Está echando chispas.

Entre las (muy pocas) innovaciones del proyecto de Código Penal Integral (que casi íntegramente reproduce la retrograda tipicidad del Código Penal vigente) se encuentra la posibilidad de, entre las dos causales que ya existen para realizar el aborto, incluir la violación. Es decir, además del aborto terapéutico (para evitar peligro en la vida o salud de la madre) y del aborto eugenésico (de una violación o estupro cometido a una mujer idiota o demente), la violación en general entraría a ser una de las causales para que el aborto no sea punible en el Ecuador.

Poco importan los temas que desarrollan el populismo penal del gobierno de la Revolución Ciudadana, menos aún que se mantengan tipos penales absurdos por obsoletos y anacrónicos –acaso jocosos– como aquel del artículo 447.2: “Las personas que públicamente ofendieren el pudor, con acciones o dichos indecentes”. ¡No! Lo que se discute no es la integridad del proyecto de Código Penal Integral ni su espíritu, sino el aborto. Así de simple. Entonces entremos a discutir el aborto.

Tenía toda la intensión de dedicar la columna de esta semana a realizar una crítica cinematográfica a la última película de Almodóvar, La Piel que habito, que me horrorizó por su calidad y la aproximación del director, ahora sí, a una obra maestra. Pero el horror por la altísima calidad cinematográfica (y la crítica que quisiera realizar a una parte de su argumento), no es comparable al horror de presenciar el retorno de los funestos fantasmas del aborto.

Ya salieron todos. Las señoras de ProVida, de las que nunca he oído campañas de educación sexual o uso de anticonceptivos, ya comenzaron a defender con vehemencia la vida en todas sus manifestaciones, alcances, ilusiones, alucinaciones, ficciones y situaciones. Ya salió la Iglesia, esa misma institución cuyo Papa rechazó el uso de condones en ¡Africa!, ha imponer cómo tienen que ser las leyes civiles para adaptarse a la doctrina divina (parece que se olvidaron de las denuncias de pederastia). Ya salieron las sectas y sus profetas, porque todos tienen que estar juntos, esta vez sí, extremadamente juntos, para defender los intereses sagrados.

Ya se les cayeron la mascaras del progresismo a los asambleístas de Alianza País (de los otros, por suerte, ya nos lo esperábamos), lucieron por fin sus verdaderos trajes curuchupas porque esto es de vida o muerte, o se está con la vida o se está con la muerte (¿qué diría de esto Edgar Allan Poe? ¿Él, a quién le fascinaba la muerte como argumento? ¿Hubiera encontrado el pretexto para un nuevo cuento o un poema de terror?). Incluso, ya se murió de pánico el presidente, cómo pocas veces, no se lo ve despotricar y dar razones absolutas (por absurdas) en sus cadenas sabatinas, todo lo contrario, ha evitado el tema en todos los espacios.

¡Este es el escenario del terror en su máxima expresión! ¡No es posible que las mujeres violadas quieran abortar¡ ¡Eso sería contradecir el designio divino que les puso en el camino de sus vidas al violador como prueba de fe! ¡Basta de tanta herejía! ¡Cómo fue que le hicieron caso a Eloy Alfaro cuando propuso semejante disparate de separar la iglesia del Estado! ¡Estas son las consecuencias de tamaña novelería! ¡La moral social hecha pedazos!

En todo caso, a pesar de las gigantescas perversiones que tiene el proyecto de Código Penal Integral en su estructura, el tema del aborto, que no debió ser el núcleo de la discusión, ha servido para medir el nivel de influencia que los diversos fantasmas del aborto ejercen, todavía, en la sociedad de nuestros días (por suerte, menos que antes). Por mi parte soy partidario de que la mujer decida, no el Estado, no la Iglesia y todos sus pecados, no las vacas sagradas de la moral social, sino la mujer que ha sido víctima de violación, esa mujer a la que el apoyo espiritual de la Iglesia no le sirve en el momento de velar por la manutención del hijo de quien la violó. Que decida esa mujer a quién las señoras de ProVida no le pueden devolver los años de la juventud, el sueño de una carrera, la ilusión de emprender un negocio, o por lo menos un viaje. Que nadie decida por ella, que nadie le obligué a ser héroe en una sociedad sin heroísmo. Que nadie, menos las mujeres, se atrevan a tenerle miedo a los putrefactos fantasmas del aborto.

*La República

30 jul 2008

LA IGLESIA Y LA CONSTITUCIÓN

Por: Miguel Molina Díaz


















Comenzamos la semana con el pronunciamiento de la Iglesia Católica sobre el proyecto de Constitución que se someterá a referéndum el próximo 28 de septiembre. Por un momento pensé que la historia del Ecuador se quedo quieta en algún momento oscuro del siglo IXX o mucho antes, porque mientras miraba el vestuario lúgubre de los obispos, percibía en ellos un autoritarismo similar – o igual - al que prohibió la venta del libro Mercurial Eclesiástico al ambateño Montalvo. Y es que los voceros de la Iglesia se expresaban con una prepotencia igualita a la de los que, siglos atrás, defendían la Santa Inquisición y perseguían a Galileo. Talvez porque no han cambiado. Parecería que para ellos la mujer sigue siendo un simple órgano reproductor y esa es una verdad tan fundamentada como cuando decían que era pecado decir que la tierra es redonda. Ahora dicen que emprenderán una “gran catequesis” porque encuentran “incompatibilidades no negociables de esta Constitución con la fe católica” respecto al estatismo, al aborto y a la unión entre homosexuales. ¡Que cínico suena que nos hablen de estatismo los que pretenden que el Estado regule el cuerpo y la sexualidad de las mujeres! Encuentran ambigüedad en el texto respecto al derecho a la vida y al concepto de familia. Sin embargo el texto constitucional propuesto especifica en los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes: “El Estado reconocerá y garantizará la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción.” La supuesta Constitución abortista no es más que uno de los tantos pretextos utilizados por la derecha conservadora, en su ciega oposición al cambio. Pero lo más lamentable es que, sumergidos en sus miedos, intentan manipular la conciencia de los creyentes para conducirlos a un sufragio polarizado. Desconocen que la nueva Constitución no solo garantiza la vida biológica sino también vida con dignidad y bienestar. Con esto comprobamos que el Status Quo no solamente se articula con los partidos tradicionales, sino que su ingerencia social está en una difusión de miedos, temores y sobretodo de prejuicios por parte de los entes religiosos, incluso han tenido el atrevimiento de imponer sus estereotipos de familias y juzgar como anormales ha aquellas familias que no son compatibles con sus convicciones retrogradas. Seguramente este es el inicio de otra “guerra santa” que, como antes, tiene el descaro de usar su infraestructura religiosa para realizar su campaña política y en eso se incluye la Iglesia Evangélica. Se olvidaron de Eloy Alfaro y de su lucha por separar al estado de la iglesia, tampoco entendieron la intervención del padre Fernando Vega cuando esgrimía su voto laico en la asamblea constituyente a favor de la Constitución: “La Constitución no debe ser ni católica ni atea, debe ser democrática.”


miguelmolinad@gmail.com
C.I.: 171799013-7

5 abr 2008

SOBERANÍA DEL CUERPO



















Ahora se habla de "Soberanía del Cuerpo." ¿Qué alcance tiene este término en nuestros días? ¿Acaso podemos hablar libremente sobre este tema sin reinventar escenarios sangrientos en clínicas clandestinas? Yo creo que sí, y que es urgente que lo hagamos. Como hombre, pienso que se nos ha reafirmado lo que ya sabíamos: que somos dueños de nuestro cuerpo y de nuestras vidas. Pero en la realidad de las mujeres encontramos un polémico debate que se centra en el aborto. ¡Como que en eso consistiera todo el debate de la soberanía del cuerpo! Sé de una mujer que sufría de cáncer y que decidió evitar su tratamiento de quimioterapia para no afectar el desarrollo del embrión que estaba gestando, lo cual constituye una actitud heroica sin precedentes. Pero, ¿debe el Estado obligar a todas las mujeres a convertirse en heroínas? En Latinoamérica, cada año se practican 4 millones de abortos. De éstos, el 20% de las mujeres debe ser hospitalizado por complicaciones causadas por los procedimientos clandestinos. No sé si podríamos llamar vida a la situación de aquellos niños no deseados que sufren el rechazo de sus madres quienes, por problemas inminentemente sociales, se quedan embarazadas y les toca asumir una maternidad prematura. No soy partidario de una cultura de muerte, pero hoy sabemos de delincuentes que alguna vez fueron hijos no deseados o hijos de madres adolescentes que fueron víctimas de un violador. Si hablamos de estado laico -lo cual es indispensable si el futuro se está decidiendo en la tierra de Don Eloy- debemos ser conscientes de que cada ser humano tiene la potestad de decidir sobre su destino y el Estado no puede regular el cuerpo y la sexualidad de las mujeres. De otro modo, no estaríamos reconociendo la capacidad ética que ellas tienen para tomar decisiones que repercutirán en sus vidas. Entendamos que la soberanía del cuerpo es un reto social y que debemos asumirlo para hablar de libertad, lo cual implica:¡Responsabilidad en nuestras vidas!

Miguel Molina Díaz
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