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11 mar 2013

VENEZUELA TOMADA




Por  Miguel Molina Díaz

Era inevitable: cerca de las 5 de la tarde del mismo día en que murió Stalin, Maduro anunciaba, con lágrimas en los ojos, el descenso de uno de los líderes más emblemáticos de Latinoamérica. Desde ese momento, las mareas de revolucionarios han pintado de rojo las calles de Caracas y con una tristeza inconmensurable, dan el último adiós a Chávez.

No es coherente, sin embargo, las lágrimas de quienes se definen como los sectores progresistas del continente. El comandante, en el frenesí de su poder, no fue la fiel imagen del progresismo. Y son incontables los ejemplos, como cuando calificó a su rival, que es descendiente de sobrevivientes judíos, como “fascista y homosexual”.

Tal vez el caso más doloroso del legado de horror que deja el chavismo es la historia de la jueza María de Lourdes Afiuni. El comandante, colérico por una decisión apegada a derecho de la jueza, la condenó a prisión desde una cadena televisiva. Afiuni fue violada por sus carceleros, después de lo cual quedó embarazada y abortó en el silencio lúgubre de su prisión.

Sesenta años después de la muerte de Stalin, la población eufórica pide que Chávez sea enterrado junto a Bolívar. ¡Como si el Libertador fuera sólo de los chavistas! ¡Como si ellos pudieran decidir por todos los latinoamericanos! Y es de realismo mágico la decisión de embalsamarlo y velarlo por 14 días como un pontífice.

Pienso en los presos políticos, los exiliados, las violaciones a los derechos humanos, los medios de comunicación cerrados, así como en la hipocresía de todos los políticos que han ido a dejarle flores al féretro.

Esto me recuerda a un cuento de Cortázar en el cual una casa es tomada progresivamente por el miedo y el poder, frente a la resignación de sus habitantes incapaces de protestar.

8 ene 2013

La Ausencia del Comandante




Miguel Molina Díaz

Probablemente el comandante Hugo Chávez Frías recibirá el año nuevo en el mayor estado de inconciencia en que se haya encontrado desde que asumió la Jefatura de Estado. De nada le ha servido todo el poder del que goza cuando su cuerpo no responde ni siquiera a los tratamientos de la medicina cubana.

Controlar todas las funciones del Estado, ser –en palabras del General de las Fuerzas Armadas– el marido del Ejercito, administrar la justicia desde sus enlaces “Aló presidente”, dirigir al órgano legislativo como si fuera uno de sus ministerios, todo, absolutamente todo, ha sido inútil para afrontar un cáncer que tiene a Venezuela bajo las riendas de Maduro.

Lo más destacable, paradójicamente,  es la irresponsabilidad de los revolucionarios bolivarianos de haber impulsado la candidatura presidencial de un hombre con alto riesgo de quedar físicamente impedido de gobernar –en el mejor de los casos, pues también existe el riesgo de su muerte. Ahora, a pesar de que las normas son explícitas en cuanto a los procedimientos, los revolucionarios no saben qué hacer para que el comandante asuma la presidencia el día previsto.

Todo esto, a las luces de la geopolítica latinoamericana, no hace sino preguntarnos: ¿quién será el sucesor de Chávez? Y no me refiero a Maduro, por supuesto que no. Sino a quién tome la posta para liderar el “Eje del Mal”, más conocido como ALBA, cuya línea en relaciones internacionales ha despertado, incluso, la confianza del dictador Sirio para solicitar a algunos de estos países asilo político en caso de ser derrocado.

Acaso podrán ser: ¿Morales? ¿el violador Ortega? ¿Cristina Fernández y su populismo feroz? ¿acaso será Raúl Castro para regresar a las raíces? ¿Zelaya, a pesar de todo? ¿o definitivamente el liderazgo regional quedará en las manos limpias, mente lúcida y corazón ardiente de Rafael Correa?

El 2013 nos dará las respuestas, pero lo cierto es que la presencia de Chávez en nuestro continente es a tal punto absolutista, que es difícil imaginarnos la política latinoamericana sin sus monstruosos excesos. 

28 dic 2012

EL OFICIO DE ESCRIBIR



Miguel Molina Díaz

No todas las actividades que realizamos en la vida implican un nivel de valentía tan alto como el periodismo, la investigación, las columnas de opinión y la literatura. Supongo, sin embargo, que los bomberos y, sobre todo, los balleneros (si pensamos en la novela Mobby Dick del gran Melville) son oficios cuyo valor podría superar largamente a los que tienen que ver con la escritura. En cualquier caso creo que en el Ecuador de hoy el peligro que implica la escritura, y por ende la libertad de expresión, es muy alto.

Pensé en titular este artículo “Lo bueno, lo malo y lo feo del 2012”, opción que descarté considerando que –por ser joven, casi un hijo de vecino– carezco de la autoridad jerárquica que requiero para aventurarme en ese juzgamiento. Y por el contrario, elogiar el oficio de escribir me pareció un derecho admisible en el catalogo de cualquier individuo amante de las letras.

De todos modos, con el afán de analizar ese tan perseguido oficio de escribir, me arriesgaré a la valoración del año que se acaba desde la perspectiva de ciertos hechos emblemáticos .

Lo bueno: el lunes 27 de febrero, en un discurso cargado de absurda prepotencia, el presidente cangrejo Rafael Correa “perdonó” a los periodistas Juan Carlos Calderón, Christian Zurita, Emilio Palacio y a los directivos del Diario el Universo, por los agravios que ellos le prodigaran a su honor. El desprestigio internacional y las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos motivaron –probablemente– el perdón del mandatario después de que se condenara a los periodistas con vergonzosas sentencias emitidas por una Función Judicial de dudable independencia.

Lo malo: De entre todas las malas noticias, probablemente una de las más dolorosas aparece en el libro del periodista Francisco Olivares, “Afiuni. La presa del Comandante” en el cual se revela que la jueza venezolana María Lourdes Afiuni, condenada por el presidente Hugo Chávez Frías en una de sus cadenas televisivas, fue violada en prisión por sus carceleros, quedó embarazada y abortó, así como fue victima de palizas y ataques con armas blancas. Todo eso como castigo por dejar libre a un crítico del gobierno chavista que llevaba 3 años detenido sin juicio. Ahora entiendo, perfectamente, porque la Venezuela de Chávez se salió de la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Lo feo: de mis primeros días, cuando entré a la universidad, lo más impresionante fue la sensación de estar en un proceso intenso de aprendizaje. Desde entonces comenzó la admiración profunda que profeso a mis profesores, que de todo lo que me han enseñado lo más importante, creo, es el respeto a las opiniones ajenas y la certeza de que no existe una verdad absoluta (menos absolutista). Fue feo –no encuentro un adjetivo más apropiado– leer hace algún tiempo la falta de generosidad de un catedrático respecto de un alumno que, teniendo el valor de escribir y publicar, pudo haber cometido errores por falta de rigurosidad. Pienso que las correcciones de los profesores son necesarias e importantísimas, de hecho nos son indispensables para aprender, pero el maltrato público desde la jerarquía no es digno de un ambiente universitario plural y mucho menos de quienes, en lugar de Torquemadas, deben ser maestros y guías.

Pienso en el valor de quienes escriben precisamente al finalizar este año en el cual se completan, para la bloguera Yoani Sánchez, 20 denegaciones de permisos de salida del país (del gobierno cubano), así como más detenciones y atentados. Su blog, Generación Y, ha llegado a tener 14 millones de accesos al mes. Esto me dice que hay algo muy oscuro y ciertamente conmovedor en esto de escribir, algo que no nos deja arrepentirnos:  el atrevimiento. ¡Feliz 2013!