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10 may 2012

Las Luces de Parra y Cardenal en América



Miguel Molina Díaz

Lo imagino feliz, fumando y lanzando el humo del cigarrillo mientras sonríe con la simple y llana certeza de haber tenido la razón. Me refiero a Roberto Bolaño, el escritor más importante de la literatura latinoamericana contemporánea, cuya monumental obra ha sido traducida ya a casi todos los idiomas posibles. Desde la estrella distante en donde habita, Bolaño debe estar complacido. “Todo se lo debo a Parra” había dicho muchos años atrás cuando sus libros comenzaron a relucir en el sombrío panorama literario del Post-boom.

En la última entrevista que ofreció antes de su muerte, Roberto Bolaño, al ser preguntado sobre las cosas que le conmueven respondió: “Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos.” Su admiración por Parra fue obsesiva, tanto es así que la antipoesía fue un referente decisivo en los poemas del autor de los Detectives Salvajes. En uno de esos versos y una vez llegada la madurez, Bolaño intenta redescubrir quién había sido cuando tenía la edad de veinte y concluye: “Un lector de Cardenal y de Nicanor Parra”.

Bolaño debe estar contento: después de haber afirmado hasta el cansancio que Parra era el más grande poeta chileno “por encima de todos, incluidos Pablo Neruda y Vicente Huidobro y Gabriela Mistral” se le concedió, en este año, el Premio Cervantes, considerado el de mayor prestigio en lengua española. “Bolaño me puso en orbita de nuevo” confesó hace poco el creador de la antipoesía, quién no pudo asistir a la entrega de su premio debido a su avanzada edad de antipoeta (97 años). 

Bolaño debe estar muy satisfecho con este año 2012. No solo Parra fue homenajeado sino que Ernesto Cardenal, otro de los maestros que él amó, se convirtió hace pocos días en el ganador del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En su libro de poemas, Los Perros Románticos, Bolaño describe un encuentro con su maestro Ernesto Cardenal: “Padre, en el Reino de los Cielos/ que es el comunismo,/ ¿tienen un sitio los homosexuales?/ Sí, dijo él./ ¿Y los masturbadores impenitentes?/ ¿Los esclavos del sexo?/ ¿Los bromistas del sexo?/ ¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos/ de los enemas,/ los que ya no pueden más, los que de verdad/ ya no pueden más?/ Y Cardenal dijo sí”.

Lo cierto es que poca falta les hacía a Parra y a Cardenal los premios en reconocimiento a la limpieza y genialidad de sus obras. Era América la que requería –¡con una urgencia desesperante!- desenterrar los nombres de dos de los más grandes poetas e intelectuales que parieron Chile y Nicaragua. Y fue Bolaño quién nos desafió a hacerlo, por ejemplo, cuando escribió “a caminar, entonces, latinoamericanos/ a caminar a caminar/ a buscar las pisadas extraviadas/de los poetas perdidos/ en el fango inmóvil/ a perdemos en la nada/ o en la rosa de la nada/ allí donde sólo se oyen las pisadas/ de Parra”. Al final volvimos a encontrar las pisadas de los poetas perdidos, que tanta falta nos hacían en las horas fastuosas y desoladas. Podremos volver a oír su voz (ojalá en su magnitud real) y ver brillar su luz. Las luces de Parra y Cardenal iluminando nuestro continente.

21 mar 2012

LA PRIMAVERA DE LOS POETAS


Miguel Molina Díaz


Seguramente el hombre más revolucionario de finales del siglo XIX se llamo Arthur Rimbaud. Se trata de uno de los poetas fundamentales que junto a Mallarmé, Verlaine y Baudelaire resquebrajaron las conciencias de la sociedad Francesa en desmedro de un statu quo devastador y podrido por sus vicios y prejuicios. Recuerdo a los poetas malditos, sus versos, la contundencia de sus voces abriéndose paso entre los siglos y decido dedicar esta columna exclusivamente a los Poetas del mundo. ¡Basta de hablar sobre la cada vez más fétida política nacional!


En 1999 la Conferencia General de la UNESCO declaró al 21 de Marzo de cada año como Día Mundial de la Poesía. No quisiera que Marzo en Ecuador pase por nuestras narices solo dejando el desagradable olor de la hipocresía y prepotencia del gobierno, las contramarchas de defensa al régimen que sataniza la protesta social y el controversial monumento al símbolo del autoritarismo ecuatoriano. No quisiera que Marzo en Ecuador se termine sin recordar a los Poetas y el día dundial en que se les rinde tributo.


Quisiera hablar sobre Juan Gelman. Probablemente el poeta vivo más grande de América Latina junto a Nicanor Parra. Nació en Buenos Aires en Mayo de 1930. Su actividad poética la inició en 1955 junto a su agrupación El pan duro. En 1963 fue encarcelado por su militancia en el comunismo y sus versos comprometidos con las luchas populares. Tres años más tarde comenzó a trabajar como periodista, oficio al cual le dedicó gran parte de su vida. Desde su condición de poeta e intelectual combatió las dictaduras fascistas que gobernaron la Argentina por cuanto tuvo que vivir en el exilio. En agosto de 1976 fueron secuestrados y desaparecidos por la dictadura terrorista sus hijos Nora Eva y Marcelo Ariel, junto a su nuera María Claudia que tenía siete meses de embarazo. En 1998 Gelman descubrió que su hija fue trasladada a Uruguay durante el Plan Cóndor en donde fue mantenida con vida hasta dar a luz a una niña. Gelman inició la batalla más grande de su vida, se enfrento a los gobiernos de Argentina y Uruguay así como al poder fascista que encubría los crímenes de las dictaduras, hasta que en el año 2000 su nieta fue encontrada y tras verificar su real identidad adoptó los apellidos de sus verdaderos progenitores: María Macarena Gelman García.


Jorgenrique Adoum, tal vez el poeta más completo de nuestro Ecuador, recuerda en sus memorias una noche troglodita y desoladora. Una llamada recibió de Juan Gelman, su amigo intimo en Paris, en la que Gelman, ebrio, se dedicó a reprocharle por la perversidad y el horror que es capaz de causar el humano. Adoum, cansado de la inmerecida interpelación procedió a cerrarle el teléfono. Al día siguiente Adoum descubrió que Cortázar y Eduardo Galeano recibieron la misma llamada violenta la noche anterior. Fue la noche en que el Equipo Argentino de Antropología Forense encontró los restos de su hijo Marcelo Ariel.


Juan Gelman es uno de los grandes poetas que han nacido en nuestra América. En su caso se podría decir que murió varias veces a lo largo de su vida, enfrentándose al poder ciego, prepotente, inhumano. La poesía para Gelman es más que su arte: ha venido siendo su fuerza, la esperanza para resistir un día más, la candela que lo ha reconfortado. Su poesía es para nosotros el ejemplo del valor de Gelman para torear las adversidades, que en su caso particular, han sido insufribles. Su estética soportó el dolor y la devastación que causan los gobiernos autoritarios, ebrios por su misión mesiánica y sus revoluciones llenas de poder y de aparatos estatales. Vale la pena recordar a Juan Gelman en este momento en que nuestro continente se debate entre la necesidad de respetar los derechos humanos y los principios democráticos contra los proyectos populistas y contradictorios, que asombran con su demagogia y sus falsedades, y son incapaces de tolerar la crítica. La poesía, sin lugar a dudas, es ante todo un discurso público; en su interior esconde un alma oscura y silenciosa que esta más allá de las sombras y la luz. Cardoza y Aragón la define como la “única prueba concreta de la existencia del hombre”. Que lejos están los gobiernos populistas de la verdadera Revolución y que cerca esta Rimbaud y Juan Gelman.

Diario Virtual La República