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7 dic 2013

Apología de los Estudiantes y de Jaime Guevara



Por Miguel Molina Díaz

Sin la intención de caer en el lugar común de usar frases y pensamientos de políticos del pasado para explicar el presente debo confesar que hace algunos años, cuando ingresé por primera vez al Salón Plenario del Palacio Legislativo de Quito, la frase de Juan Montalvo que se encuentra en el mural me removió la sangre: “Desgraciado del pueblo donde los jóvenes son humildes con el tirano, donde los estudiantes no hacen temblar al mundo”. Esas palabras, en lo alto de ‘La imagen de la patria’, una de las obras más grandiosas de Guayasamín, ese día me hicieron cobrar conciencia de mi papel de joven y estudiante. Una conciencia profundamente ligada con el Ecuador y su realidad.

Las protestas que estas semanas han encendido al país a causa de la explotación del Yasuní son la más diáfana corroboración de que la sangre de Montalvo corre por nuestras venas. Pretender que las manifestaciones se acaben ante la amenaza de negar el cupo a los estudiantes que salgan a protestar no es solo una negación del pensamiento montalvino sino una muestra de debilidad y desesperación. El gran insultador nacional, como nunca, se encuentra contra la pared y tiembla.

Debe ser muy difícil estar en sus zapatos. Lo comprendo. Desafiar a un músico a una pelea ‘hombre a hombre’ y luego, cobardemente, ordenar la intervención de los gendarmes no provoca indignación sino pena. La cobardía tiene mil caras y una de ellas es la mentira. Confiar en que nos comamos el cuento de que Jaime Guevara estaba ebrio, cuando por décadas ha mantenido una abstinencia radical al alcohol, provoca lástima. Y es que la cobardía debe guarnecerse a los juicios de la opinión pública. Por eso Jaime Guevara se convirtió, por decreto, en “borracho marihuanero”.

La única vez que hablé con Jaime Guevara fue por teléfono. Le realicé una entrevista para un reportaje sobre el legendario ‘Poeta de las Llecas’, Héctor Cisneros, que publiqué en un diario capitalino. Su voz, de sinceridad profunda y melancólica, me impactó al punto de que puedo decir: a Guevara le creo, al poder no. Admiro su lucha. Le he visto personalmente en actos en los que nos hemos propuesto mantener viva la llama del recuerdo de Santiago y Andrés Restrepo. Con su música Jaime Guevara se enfrentó, en nombre de Santiago y Andrés, a esa misma policía que hoy usa contra los estudiantes balas de goma, toletes y gases lacrimógenos. Guevara lleva haciendo la revolución, la de verdad, desde mucho antes de que el gran insultador nacional aprenda a leer, escribir o cantar.


Y sí, ser estudiante es una cuestión de conciencia. Y esa conciencia es como una lumbre. La misma lumbre que ilumina a Jaime Guevara y a los estudiantes que luchan por el Yasuní y por la vida. Gracias a la frase de Montalvo comencé a escribir mis artículos de opinión siendo estudiante de colegio. Hace poco, un penoso correista preguntó a un diario quiteño en donde apareció un artículo mío cómo así se publicaba a estudiantes. No hace falta responderle a su pregunta, pero la misma constituye prueba irrefutable de la distancia que nos separa a los que creemos en Juan Montalvo y los que creen en Rafael Correa. Solamente le aclaro a ese correista que cada vez somos más y más los estudiantes que escribimos y publicamos. Como cada vez son más los estudiantes que salen a las calles a defender lo que piensan, incluso a riesgo de las brutales represiones policiales. Eso es así porque nunca nos hemos sentido más fuertes.  Y porque los estudiantes hacemos temblar al mundo.

* Publicado originalmente en La República.

6 may 2008

EL LEGADO DE MAYO DEL 68

Por Miguel Molina Díaz





















Inmersos en la monotonía de nuestras vidas, apenas
somos capaces de recordar la poesía de protesta que
aparecía en las paredes de Paris en este mes hace 40
años. "La revolución es increíble porque es real"
Decía uno de los varios grafitis en Mayo del 68.
Apenas concebimos en nuestras mentes la magnitud de
aquel episodio en la historia universal y su
influencia en los diversos momentos políticos del
mundo. El filosofo francés André Glucksman, uno de los
arrepentidos de la jornada en Paris, dijo: "Mayo del
68 ha muerto." A pesar de que aquella generación
idealista se resigno ha ver la agonía de sus sueños
con el paso del tiempo, yo creo que el precedente que
se marco constituye un hito de enorme importancia para
los acontecimientos posteriores. Lo más
rescatable de aquella experiencia es que fueron los
jóvenes los grandes protagonistas de las luchas que
comenzaron en Paris y luego recorrieron las metrópolis
del planeta. Me refiero a la juventud que
renuncio a todo por la paz en Vietnam y que no tuvo
miedo al enfrentarse a dictaduras militares y
gobiernos autoritarios. Fue el comienzo de las grandes
reivindicaciones sociales y también de los grandes
cuestionamientos a los sistemas caducos que imperaban
(y talvez imperan) en las vidas de las sociedades
durante aquella época. En los años 70s los mejores
músicos también le apostaron al cambio y a las luchas
imposibles; así fue como el movimiento hippie expandió
su cultura a casi todos los países. Siendo imposible
negar los contrastes y diferencias que cada movimiento
tenia en su coyuntura particular, creo que el punto en
común para todos consistía en que se trataba de una
juventud que comenzó a soñar, a exigir sus derechos y
a luchar por sus causas. Ya en los 80s Margaret
Thatcher, la premier ultra conservadora de Gran
Bretaña, que nunca logro entender el momento
socio-político y cultural declaro: "Estamos arrancando
lo que se sembró en los sesenta, una sociedad donde
los viejos valores de la disciplina y la moderación
fueron denigrados." Seguramente una lógica similar
compartían Nixon, De Gaulle, Franco, Díaz Ordaz y
todos los demás líderes mundiales que fueron incapaces
de responder con soluciones validas al clamor de la
juventud. Esto me hace pensar que talvez el mundo
durante y después de Mayo del 68 era demasiado viejo
para ser compatible con una juventud portadora de
tantas ideas refrescantes. ¿Hasta cuando la justicia,
la dignidad, la solidaridad y la paz van a seguir
siendo una utopía? Sin embargo creo con convicción
profunda que el mundo de nuestros días es el que
anhelaban los estudiantes de Paris hace 40 años,
porque es inminentemente joven y es nuestra obligación
estar a la altura del momento ya que de otro modo
seriamos demasiado viejos. Este proceso de cambio que
en Ecuador se ha iniciado amerita recuperar la
memoria. Hace 3 años también estuvimos en las calles
de Quito como buenos "forajidos" luchando por nuestra
dignidad y por el cambio de nuestro país. Y los mismos
que en esos días decidieron desde Carondelet reprimir
esas manifestaciones, acaban de llegar de Colombia
después de fraguar una conspiración para
desestabilizar nuestra democracia. ¡Esa es la
hipocresía de Sociedad Patriótica! Por eso mi
invitación a recuperar el mensaje de las revoluciones
de Mayo del 68 en Paris y Abril del 2005 en Quito para
poder responderle al Ecuador con la única actitud
admisible en estos momentos, que es la de la esperanza
y el positivismo frente a este momento de
trasformaciones. Concluyo con otro de esos grafitis
parisinos con el deseo de que nos sirva para la
reflexión: "Seamos realistas y exijamos lo imposible."

"Semanario la Verdad de Machala"