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16 nov 2013

Patiño Cristina Barcelona



Por Miguel Molina Díaz


Patiño y Rafael decidieron pasar varios días en Europa.

Patiño ha sido el ministro reciclable de la revolución y sospecho que no viene a Barcelona por conocer las obras de Gaudí.

La creme de la creme del correismo residente en Cataluña espera a Patiño al interior del paraninfo de la Universidad de Barcelona. Según se les escucha fueron convocados la noche anterior gracias a una llamada en la que se les dijo que “pasen la voz a los demás compañeros”.

Mientras espero la llegada del Canciller del Ecuador observó los cuadros dedicados a la monarquía española en lo alto del lúgubre salón. Estoy sentado en medio de dos mujeres. Les pregunto si son ecuatorianas.

-No yo soy de acá –responde la una–. Vine porque me gustaría que pudiéramos hacer un proceso constituyente como el ecuatoriano en Cataluña.

- Yo soy estudiante de periodismo –responde la otra, que también es española y que, según me parece, fue por una inquietud periodística y no para seguir los pasos constituyentes del Ecuador.

Cuando llega Patiño todos los presentes se ponen de pie. Atraviesa el salón con la seguridad de Javier Bardem y se sienta en la mesa directiva. El rector de la UB, Don Dídac Ramírez, lo presenta resumiendo lo mejor de su currículo: estudiante y profesor brillante, combatiente en la Revolución Sandinista que derrocó a los Somoza, ministro de esto y de aquello… Nada dice de los pativideos ni de la valija diplomática, pero hace mención a la promoción de los derechos humanos (¿?) que impulsa la cancillería que él dirige.

Después toma la palabra el joven Javier Soraluze, de la Red de Amigos (¿con derechos?) de la Revolución Ciudadana, que participó en un curso internacional sobre el Buen Vivir. Uno que lleva a jóvenes del mundo, durante un mes de estadía en Quito, a sentir en carne propia los nuevos vientos que soplan en América Latina.

Por fin toma la palabra la estrella de la ocasión. Barcelona ya no es la de Gaudí, ni la de Marsé, ni la de Scarlett Johanson. Esta es la Barcelona de Patiño y se lo recibe con aplausos estruendosos. “Hacer una revolución en un país no es fácil”, es lo primero que dice el Ministro. Se le nota cansado. Pobre Ricardo. Apoyar al dictador de Siria y a Lukachenko debe ser agotador. Le entiendo.

Y la presencia de Cristina (Fernández de Kirchner) no podía faltar. Para explicar el apoyo abrumador del presidente Correa el Canciller la cita: “y es que como dice Cristina, los presidentes de América Latina se parecen más a sus pueblos”. ¿Así? Bueno, puede ser. Tal vez si todos tuviéramos cadenas sabatinas saldrían los funestos insultadores que llevamos por dentro.

La exposición de Patiño deslumbra a los pocos que le ponen atención. Junto a mí, tanto la señora que quiere seguir los pasos constituyentes y la estudiante de periodismo toman apuntes. Más allá, una señora correista duerme. Otros revisan el Facebook en sus smarthphones. Patiño habla de una larga larguísima larguisísima noche neoliberal. Un feriado bancario que D E V A S T Ó al país. Se lamenta por los 10 mil trabajadores en el área de salud obligados a migrar rumbo a Chile para buscar trabajo en la década de los noventa (nada dice de los médicos que acaban de renunciar en Ecuador en protesta al nuevo Código Penal).

Recuerda, con enfado, las negociaciones VERGONZOSAS del Estado con el Banco Mundial y con el Fondo Monetario Internacional cuyas condiciones no salían a la luz. Esto último me recordó a los créditos y contratos con los chinos y al préstamo que se le hizo a Duzac. Observo a la estudiante de periodismo mientras toma nota de las palabras del Canciller. Es guapísima.

Y es que ahora todo, según el Canciller, ha cambiado. “El gobierno hace lo que dice y dice lo que piensa”, exclama Patiño como confesando la clave del éxito. Y tiene razón, dijeron que iban a meter la mano en la justicia y lo hicieron. ¡Cumplen! Y las contradicciones son nada más gajes del oficio, lo que importa es la revolución y la AUTORIDAD MORAL –abre bien la boca para decirlo– del gobierno. Ya son poco más de 6 años en ese camino y no olvida recordar que la sociedad ecuatoriana sí tiene responsabilidad por el pasado, “por tener esos gobiernos”, aclara frunciendo las cejas. Y como no podía faltar un ataque a los periodistas, entre idea e idea suelta: “la prensa tiene mentalidad de súbditos”.

Que gran orador se ha vuelto Patiño. Domina la palabra. Es de una frontalidad que mata. “Como dice el presidente Rafael Correa –acota el Canciller–, lo peor que podemos hacer es tratar de contentar a todos”. ¡Ahora entiendo todo! Por eso prefirieron contentar a las Pro Vida y a Monseñor Arregui en esto del aborto por violación. ¡Todo es más claro! Y no tiene problema en explicarlo: “el presidente no hace lo políticamente correcto sino lo que tiene que hacer”. Sonríe después de pronunciar esta frase.

Nos devolvieron la dignidad. Eso es lo que dice. “Le agradecemos al Sr. Assange por darnos la información”, confiesa humildemente. “Por eso le expulsamos a la embajadora de Estados Unidos, ¡ESO ES DIGNIDAD!”. Patiño es un genio de las relaciones internacionales y de la diplomacia. “¿Alguien me puede explicar por qué esos 5 países tienen derecho a veto?”, pregunta y nadie puede responderle. Caray.

Ha pasado algo más de una hora de la magistral conferencia de Patiño. Barcelona está en éxtasis. Anuncia que la Celac será el sustituto de la OEA pero sin EEUU ni Canadá. “No hay identidad con ellos”, comenta. En todo caso, “Snowden merece un homenaje”, eso lo cree profundamente. ¿Le irán a organizar uno como el farrón que le hicieron a Pedro Delgado? Recuerda que el Ecuador fue el primer país en estudiar el asilo al ex agente. Lo que olvida es que ese estudio terminó cuando Correa recibió la llamada de Biden, el número dos del gobierno de Obama y ¿número uno en el de la Revolución Ciudadana?

Comienza paulatinamente a despedirse. Se alegra de que por fin la élite de blancos aristócratas de Quito ya no son los únicos que forman parte del servicio exterior ecuatoriano pues ahora hay afrodescendientes, indígenas, cholos y montubios, “el verdadero crisol de la nacionalidad ecuatoriana”, dice. ¡Qué bonito habla! Y bajo esa lógica me pregunto: ¿por qué el presidente no les recibió a las mujeres amazónicas que caminaron hasta Quito? ¿No eran parte del crisol?



Cuando termina la intervención de Patiño todos se paran a aplaudir. La señora que dormía se despierta. Un par de jóvenes universitarios alzan carteles que dicen: ¡ETNICIDIO! y ¡CONSULTA POPULAR! En ese momento recuerdo que, pese a que con razón Patiño denunció el dañó ambiental de Chevron, nada dijo sobre la explotación que su gobierno hará del petróleo en una de las áreas más biodiversas del planeta. Nadie les hace caso a los que exclaman consignas por el Yasuní. El público prefiere tomarse fotos con Patiño. ¿Cómo no? Si él es la estrella. “La Universidad de Barcelona está de fiesta”, dice el rector al despedir a Patiño. Se equivoca. Toda Barcelona está de fiesta.

- Busca el miércoles en google el artículo ‘Patiño Cristina Barcelona’ –le digo a la estudiante de periodismo que se sentó junto a mí–. Ahí verás un poco sobre las contradicciones del ministro

Con una bellísima sonrisa me agradece y presiento que es la última vez que la veré en mi vida. A Patiño lo seguiré viendo por mucho tiempo más. El tiempo que se demore en hacer la revolución.


16 abr 2013

¿Cuánto gastó Canciller?




Miguel Molina Díaz

El viernes 22 de marzo que pasó, el Ecuador protagonizó el bochorno diplomático más patético en la historia reciente de nuestras relaciones internacionales. Después de algo más de año y medio de cabildeo en contra del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH), las pretensiones ecuatorianas fracasaron.

Incluso la Argentina, Estado que por lo demás ha sido aliado del Ecuador, rechazó que se despoje a la Comisión Interamericana de la facultad de emitir medidas cautelares. Su argumento era muy simple y se fundamentaba en su realidad histórica: aceptar la propuesta ecuatoriana sería desconocer que esas medidas cautelares han salvado vidas humanas, por ejemplo, durante regímenes dictatoriales.

No hace falta irnos muy lejos: la sentencia de ejecución del ecuatoriano Nelson Serrano fue suspendida en E.E.U.U gracias a medidas cautelares que el Ministerio de Justicia del Ecuador le solicitó a la Comisión Interamericana. Y esto lo repetiré las veces que sea necesario porque parece que al gobierno se le olvidó.

Brasil, que por el caso de la represa hidroeléctrica Belo Monte cuestionó profundamente a la Comisión Interamericana, recuperó la cordura al ver la desfachatada presentación del Canciller ecuatoriano. Patiño dijo que si no se toman en cuenta sus propuestas el Ecuador seguirá los pasos de otros países y se saldrá del sistema. Es decir, los pasos de Fujimori, el gobierno más sanguinario del Perú de las últimas décadas.

El Ecuador proponía, además, que sólo los Estados que son parte del sistema lo puedan financiar. Pero el aporte del Ecuador el año pasado fue de $1500, mucho menos de lo que debieron haber costado los viajes de Patiño.

Después de semejante papelón internacional, quisiera preguntarle al Canciller: ¿cuanto gastó en los viajes y en toda la campaña de descrédito a la SIDH?

La posición del Ecuador fue impresentable y el fracaso de sus propuestas lo evidencian. Lo que procede, para recuperar la imagen del Ecuador es pedirle la disposición del cargo a Patiño.

Renuncie Canciller, hágalo por la dignidad del país.

14 mar 2012

EL LADO OSCURO DE LA “NARCOVALIJA”

Por Miguel Molina Díaz

La narcoliteratura colombiana fue el punto de fuga de una sociedad que se ahogaba en el hermetismo siniestro de la violencia y el caos. Durante la década de los noventa se evidenció, en países como México y Colombia, que un lento e inevitable proceso de putrefacción había impuesto al poder del narcotráfico sobre las bases mismas del Estado y de los sistemas económicos. La corrupción invadió todos los contextos políticos posibles y un nuevo dinamismo, esencialmente basado en la violencia, aniquiló lo que durante el siglo XX llamábamos “contexto latinoamericano”.

En el nostálgico pasado se quedó el realismo-mágico y la posibilidad de pensar en que Remedios la Bella podía salir de Cien Años de Soledad levitando hacia el cielo. Ahora la realidad es distinta. Se parece más a la Virgen de los Sicarios de Fernando Vallejo y, por supuesto, a 2666 de Roberto Bolaño (tal vez la novela más trascendental en lo que va de este siglo). Perplejos nos vamos quedando los que desde el Ecuador veíamos y escuchábamos con una pasividad escéptica las noticias sobre las drogas de nuestros vecinos.

Era inevitable: el día nefasto tenía que llegar también a nuestro país. El Ecuador se acaba de inaugurar como escenario de la narcoliteratura. Se abre el telón en donde se realizara la premier y el Canciller de la Revolución Ciudadana (con amplia experiencia cinematográfica a raíz de los Pativideos) está a cargo del discurso principal del estreno. Anuncia, sin un miligramo de vergüenza, que 40kg de cocaína fueron descubiertos en una valija del Ministerio de Relaciones Exteriores al llegar a Milán. Inventa pretextos. Afirma que la droga debió haber sido introducida en las escalas de tránsito. Al poco tiempo se comprueba que la valija pesaba exactamente lo mismo (79,1 kilos) tanto al salir de Quito como al llegar a Milán. La crítica se vuelve implacable: el Canciller se siente linchado mediáticamente (otra vez).

Una banda delincuencial –afirma el Ministerio de Relaciones Exteriores- debe estar detrás de la ejecución de este plan criminal para llevar droga de contrabando a Italia por vías diplomáticas. Son ellos –repite el Ministerio refiriéndose a la presunta organización criminal- quienes han violado la Convención de Viena. (¿Y también fue la banda criminal la que redactó el Reglamento de la Cancillería con el cual pisotearon las reglas sobre las valijas diplomáticas contenidas en esa misma Convención ya mencionada?) Entonces sorprende, por decir lo menos, que sea justamente a través de la ingenua diplomacia de la Revolución Ciudadana que se introduzca al Ecuador en el comercio internacional de las drogas (algo que ni siquiera le podríamos imputar al nefasto Ex Canciller Zuquilanda).

Lo cierto es que estamos asistiendo a una nueva realidad Latinoamericana. Una en donde las drogas son el nuevo anillo del poder por excelencia. Una realidad en donde los aparatos estatales de nuestros países se ponen al servicio de los traficantes de narcóticos y estupefacientes. Asistimos, pues, a la rendición de los poderes políticos frente al creciente e indetenible poder del dinero ilícito (¿la narco-política?). La corrupción –aburrida y burocrática- a la que estábamos acostumbrados es sustituida por una más salvaje y peligrosa que como una plaga llega a todos los espacios. Todo se comienza a pudrir. Las seudo-democracias populistas del continente se muestran incapaces de controlar el caos del tráfico de cocaína. El Canciller y sus pretextos no son más que la prueba del fracaso institucional del gobierno revolucionario. La imagen del Ecuador está por los suelos: nuestros diplomáticos ya no solo respaldan dictadores sanguinarios en el Medio Oriente sino también son instrumentos del tráfico ilegal de drogas. Los gobiernistas, como es su costumbre, lo justifican todo con verdades absolutas y culpan a otros; ignoran la magnitud de lo que detrás de la narcovalija se está perpetuando. La Revolución Ciudadana esconde el polvo debajo del mantel sin percatarse de que el día en que abramos los ojos: todo estará podrido.