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7 ene 2013

El correísta del año




Miguel Molina Díaz

Señoras y señores, por fin, después de doce meses podremos anunciar los resultados del Reality Show “El correísta del año”. Sin lugar a dudas, todos los nominados han demostrado los valores inherentes a lo que el país espera de un verdadero correísta de cepa –con excepción de ex presidente del Banco Central, el bachiller Pedro Delgado, quién fue descalificado por falta de moral revolucionaria. Y precisamente, señoras y señores, la moral revolucionaria ha sido el criterio clave para la evaluación de los mejores hombres y mujeres de la patria, a fin de determinar un ganador del concurso. A ese criterio principal que acabamos de mencionar se suman, como no podía ser de otra manera, la verificación de las manos limpias por medio del Ministerio de Salud; las mentes lúcidas por medio del un equipo selecto de psiquiatras (los mismos que asesoraron al Congreso de 1996, ese que botó a Bucaram por incapacidad mental) y, por último, nos hemos asesorado de cardiólogos cubanos para verificar los corazones ardientes por la patria.

No pudimos, sin embargo, verificar los títulos universitarios de los nominados por falta de colaboración de la Senacyt; esta aclaración damos respecto del candidato a vicepresidente que será, sin lugar a dudas, el segundo abordo en el barco transatlántico de la Revolución Ciudadana. Pero ese detalle no nos impide –a pesar de que por obvias razones no podrá ser ya parte del concurso– otorgarle una mención honoris causa y ad honorem por ser el “Correísta más valorado del 2012”.

Después de un profundo examen analítico de cada uno de los nominados y nominadas (valga la aclaración, porque en este concurso hubo equidad de género) hemos llegado a determinar tres finalistas. No por eso dejamos de reconocer que los ganadores de años anteriores han logrado mantener sus cualidades y lealtades requeridas para el título; tal es el caso del Canciller Patiño, del futuro ex presidente de la Asamblea “Corcho” Cordero, de la bancada de PAIS en su conjunto (con Betty Carrillo, Cassinelli, la Paola Pavón y el Paco Velazco encabezando la lista).

Pero no más rodeos, vamos con los nombres de los finalistas. El tercer lugar va para el fiscal Galo Chiriboga, por la agilidad y el profesionalismo demostrado para con la Revolución en el ejercicio de sus funciones, en especial respecto del caso del título de Pedro Delgado (que simplemente es el más reciente); por su capacidad de análisis jurídico, por ejemplo cuando dijo que se acusará por delito de homicidio (en lugar de tentativa) a los responsables del ataque al estudiante Edison Cosios (que gracias al destino no murió, por tanto, no ha sido victima de delito de homicidio).

El segundo lugar (pero no menos importante), señoras y señores, va para el presidente del Consejo Nacional de la Judicatura de Transición, el Ing. Paulo Rodríguez. Este funcionario es una de las figuras más formidables que, a pesar de ser ingeniero, ha habido entre los juristas del país. El camarada Rodríguez, merecidamente, es el Segundo Correísta más Grande del Ecuador en virtud al record de paredes pintadas, computadoras compradas, jueces removidos y otros nuevos nombrados, así como dotar de dignidad y decoración sobria a todas las instancias de la administración de justicia. ¡Qué gran revolución estilística es la ciudadana! Por tanto, no pudiendo darle el primer lugar, recomendamos a las universidades del país y del mundo, un Doctorado Honoris Causa para el ingeniero Rodríguez en diseño de interiores.

Por fin, señoras y señores, anunciaremos el nombre del ganador de este año. Entre los grandes correístas que ha habido en todos los tiempos, este se caracteriza por una lealtad que largamente supera a la que el Che Guevara tuvo con Fidel o a la de Maduro con Chávez. Su mirada pálida y sincera ciertamente es, además de un deleite que demuestra las buenas intenciones de la revolución, un símbolo de humildad y sencillez. ¡Es posible ser correísta sin ser prepotente! A este gran pro-hombre (cuya titulación académica jamás ha despertado dudas) por primera vez tuvo la celestial revelación de que había que regular las redes sociales, pues estas también influyen en las elecciones. Pero ese es el menos grande de sus méritos, su moral revolucionaría lo llevó incluso a acudir en persona a la oficina de Fernando Alvarado a pedirle de favor -¡qué valor!- que no ofenda con la propaganda oficial a otros candidatos. Así como ha recuperado la dignidad y soberanía del país impidiendo que observadores europeos (¡esos sátrapas, cómplices de los martirios que sufre Julian Assange!) vengan el próximo febrero a meter sus narices en nuestra elecciones.

Y creo que en este punto ya todos sabemos quién se llevará el título del correísta más grande, leal e importante de este 2012. Pero no podemos, bajo ningún concepto, dejar de mencionar la más formidable de sus hazañas. Ante el riesgo de que los movimientos y partidos aprobados legal y constitucionalmente pongan en peligro los sagrados intereses de la revolución, nuestro ganador procedió –marcando un hito en la historia- a revisar una por una las firmas que acreditaban la inscripción de cada organización política, mandando a recoger firmas a quienes les faltaban y sacando de la contienda a los que fueron incapaces de hacerlo. Así, este gran ciudadano, protegió la mesiánica misión de Alianza País sobre los retardatarios y conspiradores movimientos opositores   que se atrevieron, infamemente, a pretender participar en elecciones. De todos los correístas que ha habido, sin lugar a dudas, Domingo Paredes es el más grande.  Esperamos, sin más, que se le otorgue su justo lugar en la historia y que los comicios del 2013 sepa llevarlos a cabo a cabalidad, como todo lo que ha hecho. ¡Muchas gracias por todo Domingo!

Este anuncio, todavía, no se encuentra autorizado por el Consejo Nacional Electoral, código 666. 

28 dic 2012

Los traidores y los héroes de la Revolución Ciudadana



Miguel Molina Díaz

En su cuento “Tema del traidor y del héroe” Borges plantea la posibilidad de que la historia de las revoluciones –y del mundo, ¿no?– sea el producto de una perfecta falsificación de la realidad lograda por medio de los más sofisticados recursos del teatro. Básicamente su cuento gira alrededor de Fergus Kilpatrick, el héroe de la rebelión irlandesa que fue asesinado en 1824. Ante el rumor de una traición Kilpatrick encomienda a James Nolan la tarea de descubrirla; tarea que la asumió a cabalidad y anunció ante el conclave de los rebeldes que el gran traidor era el mismo Kilpatrick, acusación que sostuvo con pruebas irrefutables. Ante la evidencia de la verdad, Kilpatrick personalmente firmó su sentencia de muerte pero “imploró que su castigo no perjudicara a la patria”.

Para cumplir con la sentencia, pero a la vez, hacer de la ejecución del traidor un instrumento para la emancipación de la patria, Nolan plagió escenas de las obras Macbeth y de Julio Cesar al dramaturgo William Shakespeare, y la ejecución se cumplió de tal modo que Kilpatrick fue, a los ojos del pueblo, el más grande de los héroes víctima de un injusto y cobarde asesinato. Borges al respecto escribió: “Kilpatrick, arrebatado por ese minucioso destino que lo redimía y que lo perdía, más de una vez enriqueció con actos y palabras improvisadas el texto de su juez. Así fue desplegándose en el tiempo el populoso drama, hasta que el 6 de agosto de 1824, en un palco de funerarias cortinas que prefiguraba el de Lincoln, un balazo anhelado entró en el pecho del traidor y del héroe, que apenas pudo articular, entre dos efusiones de brusca sangre, algunas palabras previstas”.

He recordado los pasajes del cuento de Borges precisamente con motivo de la renuncia y salida del país de quién fuera el Presidente del Directorio del Banco Central del Ecuador, titular del fideicomiso “No más impunidad” y, sobre todo, primo del presidente Rafael Correa. Como al más digno de los prohombres revolucionarios las cabezas de las funciones del Estado homenajearon hace algunos meses a Pedro Delgado con efusivos discursos, lagrimas en los ojos, abrazos y brindis con copas de champagne. Todos, incluso Domingo Paredes que es quién desde la presidencia del Consejo Nacional Electoral va a contar los votos en las próximas elecciones, acudió en sus mejores galas para homenajear a Delgado, quién injustamente estaba siendo victima de un linchamiento mediático sin ninguna razón válida a los ojos de la Revolución.

Pedro Delgado siempre fue víctima: jamás fue un inconveniente que usara las haciendas incautadas para fiestas privadas sino que el novillo retardatario y corrupto que, no aprovechando la oportunidad de compartir unos segundos con ese prohombre, decidió cornearlo. Su influencia para conceder el préstamo de 800 mil dólares a Gastón Duzac bajo ningún concepto fue irresponsable, todo lo contrario, demostró la disposición revolucionaria para hacer negocios que beneficien a la patria. Y por último, el tema de su titulo universitario fue la peor de las patrañas de la oposición y la prensa mediocre y corrupta, pues, como nos recordó el Presidente de la República: ¿quién dice que para ser presidente del Banco Central hay que ser economista?

La legisladora Pavón que llegó a las huestes del oficialismo después de perder las elecciones encabezando una de las listas de la partidocracia fue la encomendada a dar la posición de Alianza País sobre la renuncia de Delgado y, obviamente, después de reconocer –por primera y única vez– el trabajo de la prensa dio su apoyo al presidente Correa porque se ha “dañado” la confianza del mandatario. Y fue, precisamente el mandatario, quién aseguró que Pedro –ese mismo Pedro ProHombre a quién homenajearon– ha golpeado a la Revolución. Hasta que punto, me pregunto, toda la suciedad a la que el país ha sido expuesto por la ciega defensa al Bachiller Delgado no podría encasillarse en el cuento de Borges. ¿Quién es entonces Pedro: el traidor o el héroe? Pronto el gobierno, pulcro y noble como siempre ha sido, atacará con palabras lapidarias a al traidor Delgado, y así, el ¿héroe? de Carondelet conservará su inocencia eterna y decretada. ¿Y acaso eso también estaba ya previsto?